Phantom Fest: Nuestro oasis particular en medio del desierto

Por TONY DEVILDOG

En este fin de semana que hoy termina (14 y 15 de julio de 2017) hemos tenido la enorme fortuna de poder asistir a la primera edición del Phantom Fest. Y no, no ha sido una cita más del calendario musical. Se trata de algo con hechuras de grandeza y vocación de permanencia, y que nos ha permitido encontrar nuestro particular oasis para paliar la angustia que el desértico verano nos viene ocasionando en forma climática (calores propios de una sucursal del mismo infierno) y musical (proliferación por doquier de citas festivaleras masificadas y sin alma).

Un entorno singular, el castillo de la Coraceda en San Martín de Valdeiglesias, a 80 kms de Madrid, ha sido la sede del evento. El detalle de la ubicación, que en la mayoría de festivales no pasa de ser algo accesorio, es uno de los aspectos más destacados en el Phantom Fest por lo espectacular del marco, lo confortable de la ubicación para los asistentes (sin agobios ni apreturas) y la benigna temperatura disfrutada (me refiero a las sesiones vespertinas), alejada de esta permanente ignición a la que somos sometidos en horario diurno.

Sin duda, lo más reseñable del cartel es la vocación por recuperar la emoción del rock’n’roll en vivo, con bandas que entienden el directo como acción para la diversión, donde lo difícil era permanecer ajeno a lo que estaba aconteciendo sobre el escenario y, pese a los puntuales problemas técnicos, los músicos consiguieron ese nivel de conexión con la audiencia que eleva al festival a la categoría de “evento a recordar y a repetir” para todos los que allí asistimos.

Vamos con un breve resumen de lo que importa: la música y los que la hacen posible:

Empezamos por Pike Cavalero. No entiendo la escasa repercusión nacional que tiene esta banda fuera del circuito de los fieles del 50’s rock’n’roll. Tiene a sus espaldas una trayectoria musical extraordinaria, le acompaña una veterana banda con un oficio y un estilo tremendo, y su directo no tiene ninguna fisura. Una máquina de facturar temas excelentes sin descanso que permitió abrir boca de forma excelente. Y además nos descubrieron el secreto de quién está detrás de los hits rhythm & blues facturados por el tal Manny Bowsmud & The Indalics, recientemente publicados con el misterio que adorna todos los lanzamientos del sello Antifaz Records. Simpática sorpresa!

Y se baja Pike Cavalero y se sube otro trailer desde el sur: Guadalupe Plata. Con su tradicional magia negra en forma de blues oscuro y envenenado, una iluminación en fondo rojo, que nos transportó a las mazmorras del infierno, y un enorme Perico en su línea (introvertido y en trance) pero controlando todo el cotarro y ejecutando con su maestría habitual, secundado por una de las bases rítmicas más sólidas que tenemos en nuestra escena. Me supo a poco, hubiera necesitado algún tema más para saciar la sed de este brebaje endemoniado.

Y para cerrar la velada: MFC Chicken. ¿Es necesario explicar a estas alturas lo que esto implica? Creo que lo mejor que se puede decir es que, pese a haberles visto ya al menos 20 veces, sigue habiendo ganas de volver a hacerlo y, con altibajos y algún lío con el sonido, volvieron a marcarse un espectáculo energético y sin tregua como suele ser habitual en ellos. Con ellos bailan hasta las buitres leonados de la sierra. Les acompañó en algunos temas la cantante británica Sister Cookie y, en mi opinión, le da un giro al show hacia coordenadas más reposadas que, seguramente merecerían un concierto alternativo porque, sin desmerecer a su repertorio habitual le pone un poco el freno de mano al espectáculo. Pero no todo el mundo opinaba lo mismo que yo, como es obvio. En suma, la fórmula MFC Chicken sigue dando resultados y que nosotros lo sigamos disfrutando.

Llegué tarde el sábado por la tarde a los Allnighters y apenas pude disfrutar de su show pero el sudor de la gente y las caras de satisfacción, así como la actitud de los vitorianos sobre el escenario dejaban entrever que aquello había merecido la pena.

Hizo aparición Mike Sánchez sobre el escenario con su piano y en solitario y nos dio una nueva lección de veteranía y estilo, de enorme clásico que maneja con solvencia todas las claves para sostener un show con garantías por sí mismo, pese a lo cual a mí me hubiera gustado verle con banda al completo, pues lo recuerdo como un verdadero espectáculo, aunque lo dejamos para la próxima, que espero que sea pronto.

Llegaron los Limboos y, seguramente, era mi más esperada cita en este festival, porque aún no había teñido ocasión de verles desde la presentación de Limbootica. Si puedes ir a verles, no lo dudes. Son unos músicos extraordinarios, conjugan en cada tema virtuosismo, pasión, ritmo y diversión, y lo volvieron a redondear en un set que se me hizo enormemente corto. En 15 días de nuevo les tendremos a mano para volver a gozarlos cómo se merecen.

Y vamos con la nota nostálgica, en especial para un fan de la banda desde los 80 con Ansia, su álbum de debut: el regreso de Dogo, sin sus Mercenarios pero con una súper-banda de sureños del norte, que representaba una garantía absoluta de que esto no iba en broma. Estos retornos son siempre una incógnita pero desde el mismo arranque pudimos comprobar que Dogo no ha perdido el espíritu necesario para interpretar sobre un escenario temas tan intensos, duros y emocionantes como los que dieron peso a su leyenda. Pasión, marginación, esperanza, energía y actitud, con Dogo tomando el protagonismo desde el primer acorde, con la banda a su servicio, dando brillo a un repertorio único (Xabi Garre no falla nunca y la columna vertebral del Kurt Baker Combo demostró su enorme clase con un reto diferente y muy complejo).

Y la fortuna tiene cosas sencillamente desconcertantes: una noche de alegría como esta se vio teñida de negro por el fallecimiento del batería original de la banda. Una desgracia y un concierto que, sin duda, sirvió de merecido homenaje a su memoria.

Dos peros: 1) me faltaron dos de sus temas emblemáticos de su primer LP (Siete cortos años y Gloria o muerte) y 2) la entrada (improvisada?) de Ana Curra para interpretar Un día en Texas, con Dogo en segundo plano, que sin duda a los admiradores de Ana nos causó una grata impresión pero, en mi opinión, no era el momento (era el día de Dogo y material para cubrir ese tiempo y mucho más tiene de sobra). Y dicho lo cual, me gustaría tener ocasión de repetir en esta mini-gira 2017 de Dogo aunque me temo que no me va a ser posible. Sin duda, una actuación memorable que permanecerá siempre nítida en mi memoria.

Y me despedí del Phantom Fest por este año con otra de mis debilidades: King Salami & the Cumberland Three. La selección resto del mundo del cachondeo sobre un escenario. Casi 3 años sin tenerles por aquí pesaban demasiado y el hecho de traer nuevo disco bajo el brazo le otorgaba un especial aliciente al acontecimiento (y se permitieron el lujo de tocar inéditas de su futuro 4º LP). Y allí estuvieron. Como son ellos, juerga sin tregua, simpatía y desenfreno. Un poco desorientados por algún problema técnico al principio pero con la capacidad de siempre para llevarme al coma y hacerme abandonar el evento por agotamiento físico e intelectual, retirándome prudentemente a mis aposentos tras la sacudida de embutido king size.

También tengo que admitir que mis justificadas faltas de asistencia me ha obligado a perderme bastantes cosas interesantes pero, definitivamente, es imposible estar a todas (al menos, estar bien…):

* La apertura de los Cannibals, una joven y ecléctica banda madrileña con enorme solvencia y personalidad a los que pude ver recientemente en el Fun House, pero en mi opinión su estilo funk/soul/pop se encuentra bastante alejado de la línea musical del festival.

* La sesión de tarde del sábado por haber tenido que volver a Madrid por temas personales (aunque seguramente fue lo más sensato a la vista de la que cayó a los valientes asistentes), que me impidió disfrutar de mi admirado Artemio y su sorna castiza (tan añorada desde el Ferpectamente de los Enemigos y vigente 30 años después), del Reverendo y sus Preacher Boys (muy recomendable 50’s rnr), a Víctor Coyote (a quien le tengo perdida la pista hace muchos años) y el ciclón Fuzillis (perdonable después de haberles visto al menos 5 veces en el último año)

* Y la interesante propuesta de Tito Ramírez por extenuación y obligación de madrugar (aunque sé que me resarciré pronto).

Y hasta aquí llega mi modesta valoración escrita a la carrera. Solo queda felicitar a Javi Fun House y Gerardo Urchaga (Los Chicos) por haber parido algo tan divertido y estimulante y desearles que solo sea la primera de muchas ediciones más. Hacía falta algo así en estas fechas y el acierto ha sido pleno. Ya tengo reservado albergue para 2018.

Long life Phantom Fest!!!

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